La Sociología de la Educación es una de las más jóvenes ramas del saber humano, ya que posee alrededor de sólo un siglo de existencia. Fueron Augusto Comte y Emile Durkhein los que le dieron vida como Ciencia general (Comte) y como Ciencias de la Educación (Durkhein).La epistemología de la Sociología de la Educación es enormemente rica en su marco teórico y metodológico. Entre los estudios sociales que formula figuran la Pedagogía, el Colectivo Escolar, el Colectivo Pedagógico, las relaciones sociales, la Institución Escolar, la familiam la comunidad, el desempeño de roles y los códigos de género entre otros.

viernes, 15 de agosto de 2014

El profesor y el maestro como mediadores necesarios para el aprendizaje.

El profesor y el maestro es un mediador de conflictos socio - cognitivos y la relación con sus alumnos tiene carácter dialógico favoreciendo el aprendizaje, centrando la atención en el sujeto que aprende y en su futuro.
Veamos entonces que dicen dos autores sobre el aprendizaje.
Piaget consideraba que el desarrollo del niño se producía en etapas de estructuras lógicas y esta razón le imponía límites a lo que podía conocer.
Vygotski considera que el desarrollo tiene anclaje en dos procesos relacionados: el desarrollo del sistema nervioso y el aprendizaje. Ambos, decía Vygotski íntimamente ligados, donde la maduración posibilita aprender y aprender estimula el proceso de maduración.
Esta observación sirve para fundamentar la definición de lo que llamó Zona de Desarrollo Próximo (ZDP)

La ZDP es el potencial del niño, es la diferencia entre el Nivel de Desarrollo Real es decir aquello que el niño ya es capaz de hacer como conocimientos que tiene incorporados y el Nivel de Desarrollo Potencial que es la resolución de un problema con mediación de otro sujeto.
NDP - NDR = ZDP

La Zona de Desarrollo Próximo es definida por Vygotski como "aquellas funciones que todavía no han madurado...en estado embrionario".

De lo dicho se desprende la relación necesaria del tercero mediador y la noción de que el saber precede y tracciona al desarrollo.



El acceso a la educación fue siempre una conquista y no una concesión

Nos dice Jaques Delors "Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Me interesa expresar mi convicción respecto de la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso, sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones y las guerras".
Por esa misma razón sigo apostando a la escuela pública, laica y obligatoria, por esa misma razón desconfío del ulular de las sirenas que hablan de una escuela sin escuelas y de una educación que se me evidencia sólo está al alcance de
las clases más pudientes.
Quiero seguir poniendo atención al mundo real y posible, al salón de clases de todos los días, a las veredas de mi ciudad pobladas de jóvenes y niños con mochilas en sus espaldas y padres con pequeños de la mano caminando rumbo a la escuela. Esa escuela renueva todos los días, en los mismos horarios y en todo el territorio del país un mandato que sigue vigente, con el imperativo de que todos quienes tengamos alguna responsabilidad posibilitemos no ya el diagnóstico, sino la cura.

jueves, 24 de julio de 2014

Las distintas culturas en el aula

"La escuela donde asiste F.L., un niño apache de Arizona, Estados Unidos, participa de una muestra sobre arte infantil de los indios norteamericanos. Y F.L. es un niño indio norteamericano.
F.L. escribe una poesía en una lengua diferente de la que se habla en su casa y su comunidad.
Aquella mañana de abril, sentado en el pupitre de su escuela norteamericana, F.L. escribe algo que su madre no podrá leer porque lo hace en una lengua que ni ella ni sus hermanos apaches comprenden. Esa poesía habla, tal vez, por muchos niños de la cultura apache:

¿Alguna vez te han causado dolor los cestos?
A mí sí, porque durante muchos años he visto a mi abuela hacerlos.

¿Alguna vez te ha causado dolor el trabajo?
A mí sí, porque mi padre trabajó duramente y me habla de ello.

¿Alguna vez te ha causado dolor el ganado?
A mí sí, porque mi abuelo se pasó la vida trabajando con el ganado.

¿Alguna vez te ha causado dolor la escuela?
A mí sí, porque en la escuela he aprendido muchas palabras.

Y no son mis palabras".

C. Cazden; (1991), "El discurso en el aula", Editorial Paidós. Barcelona. España.

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Qué necesitamos para formar un buen docente?

Existe la errónea creencia de que los futuros docentes, mediante una dinámica de desarrollo personal durante su carrera de grado, se forman a sí mismos. Otra idea, para nosotros también equivocada, es aquella fantasía de Pigmalión, la del escultor que crea un otro a su imagen, (el docente formador con su aprendiz), lo modela, le da forma a una materia que en ese momento es pasiva, dócil.
Ninguna de estas dos ideas se corresponde con la realidad de la formación docente, ya que por un lado uno se forma a sí mismo, pero uno se forma sólo por mediación.
Los formadores son mediadores humanos, lo son también las lecturas, las circunstancias, los accidentes de la vida, la relación con los otros. (1)
Veamos cuales son las condiciones necesarias para que la formación tenga lugar.
Gilles Ferry considera tres condiciones: condiciones de lugar (los lugares previstos a tal propósito), de tiempo y de relación con la realidad. "...sólo hay formación cuando se puede tener un tiempo y un espacio para el trabajo de reflexión sobre sí mismo". (2)
Sobre el mismo tema, es decir sobre la formación docente, Jean C. Filloux, pone la mirada en la relación docente formador - docente en formación y sostiene que no existe en su opinión un sujeto "formador".
Para Filloux hay un trabajo de retorno sobre sí, una reflexión sobre sí mismo que realizan ambos y eso se traduce en una formación académica, formación metodológica, en lo pedagógico - didáctico y psicológico y formación profesional. (3)
Encontramos por lo tanto una intersubjetividad que está ligada al diálogo, que no siempre es explícito o consciente, y que representa un proceso dialéctico de retorno sobre la persona, su unicidad y singularidad.
La reflexión crea un espacio transicional, donde es posible la construcción de lo que llamamos "falso sí mismo", es decir se construye un personaje moldeado por las exigencias sociales del rol que desempeñará.

(1) Devalle de Rendo, Alicia; (2004); "Una escuela en y para la diversidad", edit. Aique. Bs.As.
(2) Ferry, Gilles; (1997); "Pedagogía de la Formación"; Novedades Educativas, pág.53, Buenos Aires.
(3) Filloux, Jean C.; (1965), "La personalidad"; Edit. Eudeba, Buenos Aires

jueves, 17 de julio de 2014

¿Cómo se forma un buen docente?

Para  el pedagogo francés Gilles Ferry: “La formación es algo que tiene relación con la forma. Formarse es adquirir una cierta forma. Una forma para actuar, para reflexionar y perfeccionar esa forma (…) formarse es ponerse en forma (…) la formación consiste en encontrar formas para cumplir con ciertas tareas para ejercer un oficio, una profesión, un trabajo, un empleo. Cuando se habla de formación, se habla de formación profesional, de ponerse en condiciones para ejercer prácticas profesionales. Esto presupone, obviamente muchas cosas: conocimientos, habilidades, cierta representación del trabajo a realizar, de la profesión que va a ejercerse, la concepción del rol que uno va a desempeñar, etc…”[1]
Egresar con el título de profesor, cuándo hasta no hace mucho éramos alumnos, supone una dosis de alivio por el ciclo cumplido y una alegría por haber alcanzado una meta, aunque todo está teñido de incertidumbres para iniciar el recorrido profesional.
“Ponerse en forma” tal como lo dice Ferry  significó para mí buscar la alternativa de transitar el aula con el acompañamiento de una docente,  cursando una adscripción en Pedagogía durante 2 años, en el mismo Instituto de Formación Docente “Olga Cossettini” donde me graduara.
 La docente que me aceptó  para una adscripción  en su materia, a quien debo la generosidad de recibirme y la paciencia para conducirme, considera en primer lugar que la formación del profesorado, es una instancia inicial en la trayectoria ya que como un camino recorrido la misma puede ser interpretada dentro de un continuum.
¿Qué supuso el tránsito por los años de adscripción, presenciando clases, tomando apuntes, dando clases y colaborando como puente entre la cátedra y los alumnos?. Representó la ocasión de una formación continua, problematizando la enseñanza poniendo en foco lo que sucede en el aula. No fue un mero entrenamiento, una capacitación para instrumentalizar los modelos o el currículo, el objetivo fue el aprendizaje para la autonomía, para ser capaz de transmitir saberes, de trabajar en equipo y de investigar; siempre con un compromiso ético y político con los resultados de los aprendizajes de los alumnos.
Agenciarse de las herramientas para trabajar en el aula implica incorporar y fundamentar opciones de enseñanza, preparando la reflexión y acción en contexto, en situaciones concretas. La adscripción resulta así una formación que se construye con una mirada crítica de la propia acción y una experiencia de transmisión del saber, del saber hacer y del saber ser.
La oportunidad de cursar en el Instituto esta instancia, permite empezar a subsanar la dicotomía que se presenta, en el imaginario del ámbito de la educación, que enfrenta a la didáctica con la formación disciplinar.
Por último esta etapa responde a una vieja pregunta: ¿Cómo se forma a un buen docente?¿Qué se espera de él? No pretendo ser original en la respuesta y voy a utilizar las palabras de Gimeno Sacristán  para contestarlas:

“¿Qué espero de un docente? Que tenga salud mental, tolere conflictos interpersonales y sienta seguridad para estar frente a un grupo al que debe tratar bien. Tiene que saber algo bien sabido y contarlo bien contado. Debe trabajar en equipo, perfeccionarse continuamente y situarse en su contexto histórico, social y pedagógico. Formarse no es sólo ir a cursillos. El docente se perfecciona si estudia, lee y escribe, más allá de si es lunes o domingo. Es una actitud autónoma e inherente a su ser. (…) El docente debe comprender que es un servidor social; tiene una obligación porque el alumno tiene derecho a recibir la mejor educación”.

[1] Ferry, Gilles; (1997); “Pedagogía de la formación”, Buenos Aires, Revista Novedades Educativas, 1997, pág.53; Citado por Devalle de Rendo, Alicia en “Una escuela en y para la diversidad. El entramado de la diversidad” pp. 132 y 133. Editorial Aique S.A. Buenos Aires.

martes, 8 de julio de 2014

En el salón de clases: ¿igualdad o uniformidad?

La actividad educativa demanda un gran despliegue de tareas, obligaciones, responsabilidades y urgencias, en todos los actores implicados. El Estado, las Instituciones, los padres, las cooperadoras escolares, los niños y jóvenes sostienen el quehacer educativo todos los días.
Ahora bien; los educadores, en medio de este fárrago diario ¿se preguntan que preconcepciones e ideas previas tienen sobre los jóvenes? ¿Se cuestionan que práctica educativa reclama la sociedad?
El hecho educativo parte de una concepción “optimista” del hombre. EX-DUCERE (educar), permitir que brote aquello mejor que ya puede germinar en cada joven .Estos jóvenes buscan formas de expresarse, de que se los escuche, de que se los considere a cada uno único e irrepetible. Aprecian la sinceridad, el respeto, la libertad, la alegría y son los nativos tecnológicos de este siglo XXI. ¿Estamos a la altura de las circunstancias? ¿Nos prendemos en el desafío de enseñar las herramientas que necesitan para que asuman el control sobre sus saberes, y sus prácticas?
Lograr que los estudiantes hagan efectivo este control es replantearse la validez del paradigma clásico de una transmisión académica y enciclopedista del saber. Implica también una actitud activa en el reconocimiento del “otro” que en cuánto es alumno debería resignificar los saberes aprendidos y reconstruir críticamente la cultura en la que está inmerso.
A dónde me llevan estas reflexiones? Pareciera que hemos deformado la noción de igualdad convirtiéndola en uniformidad. ¿Qué me dirá esto de único e irrepetible?.En la tradición humanista el hombre es un fin en sí mismo y no un medio para el fin de nadie.
Tal era la definición humanista de igualdad que sin duda dio pie al desarrollo de las diferencias.”Sólo si se nos permite ser diferentes, sin la amenaza de ser tratados como desiguales, sólo entonces somos iguales” (1).
Fromm decía para ser más claros que el concepto filosófico de igualdad tiene gran prestigio y tradición pero que está siendo deformado y se lo emplea para referirse a uno de los aspectos más degradante, más inhumano y más peligroso de nuestra cultura: la uniformidad que implica la pérdida de la individualidad.



(1)Erich Fromm La condición humana actual

viernes, 27 de junio de 2014

Lo que nos contó Gabo...

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Fermina Daza sabía entonces que la vida privada, al contrario de la vida pública, era tornadiza e imprevisible. No le era fácil establecer diferencias reales entre los niños y los adultos, pero en último análisis prefería a los niños, porque tenían criterios más ciertos. Apenas doblado el cabo de la madurez, desprovista por fin de cualquier espejismo, empezó a vislumbrar el desencanto de no haber sido nunca lo que soñaba ser cuando era joven, en el parque de Los Evangelios, sino algo que nunca se atrevió a decirse ni siquiera a sí misma: una sirvienta de lujo. En sociedad terminó por ser la más amada, la más complacida, y por lo mismo la más temida, pero en nada se le exigía con más rigor ni se le perdonaba menos que en el gobierno de la casa.
Siempre se sintió viviendo una vida prestada por el esposo: soberana absoluta de un vasto imperio de felicidad edificado por él y sólo para él. Sabía que él la amaba más allá de todo, más que a nadie en el mundo, pero sólo para él: a su santo servicio.

"El amor  en los tiempos del cólera" (1985), RBA Editores S.A., Barcelona - España. pp 281 y 282.